Acciones desestabilizadoras en Cuba

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Por: Ramón Antonio Veras. 

Aquellos hombres y mujeres que por convicción, nos identificamos con el proceso revolucionario cubano, sabemos que el pueblo de Cuba no vive bajo el paraíso que quisiéramos, como tampoco el infierno que difunden sus enemigos. 

Están a la vista los problemas que afectan a Cuba, como consecuencia del bloqueo que durante más de 60 años  le ha impuesto Estados Unidos, así como también por las dificultades surgidas por la pandemia que lesiona a toda la humanidad. 

Los demócratas sinceros aspiramos a que, dentro de sus posibilidades, el hermano pueblo cubano resuelva los inconvenientes que hoy padece, ahora agudizados por los efectos de la COVID-19.  

A diferencia de los que analizamos en forma desapasionada las situaciones por las que ha transitado Cuba y la revolución, hay adversarios de las transformaciones sociales, que atizan, juegan al fracaso y pretenden que desaparezca la obra más significativa de las masas cubanas. 

En los hechos ocurridos el pasado domingo 11 de julio en curso, en La Habana y otros pueblos, estaban presentes personas con diferentes motivaciones, unas justificadas en el orden individual y escaso desarrollo ideológico, y otras respondiendo a los fines desestabilizadores trazados por el imperio. 

Ante las acciones con tinte provocador, para fragilizar el Estado y alterar el orden establecido, corresponde al pueblo organizado, utilizando sus instrumentos colectivos de lucha, enfrentar a los que incitan para quitarle el poder. 

El Estado cubano es de obreros, campesinos y soldados, y es esa mayoría de cubanas y cubanos, que han sufrido y resistido, quienes deben defender lo que tantas penurias y sangre les ha costado. 

El poder popular estatal cubano es del pueblo y debe ser utilizado contra aquellos que quieren desplazar a los que en forma legítima están llamados a disfrutarlo.  

El gobierno de Cuba no actúa representando a minorías rapaces e insignificantes, sino a los que trabajan, a los que con sus brazos e intelecto hacen posible la vida material y espiritual de la generalidad de cubanas y cubanos.  

Los aliados consecuentes de la Revolución Cubana, no deben dejarse confundir por aquellos que tienen como objetivo enviar mensajes cargados de veneno ideológico. La libertad no debe permitirse a quienes procuran asfixiarla. 

Animar a la desestabilización para generar problemas; aguijonear con el fin de crear descontento, y empujar para que triunfen los enemigos de la mayoría del pueblo trabajador, es algo intolerable para cualquier gobierno que descansa en la voluntad popular. 

La realidad de los hechos, las publicaciones conocidas con posterioridad al domingo 11 de julio, demuestran con claridad meridiana que organizaciones al servicio de los intereses guerreristas y monopolistas norteamericanos, están metidas de cuerpo entero en las acciones desestabilizadoras que se han producido recientemente en Cuba.  

No hay que ser un cientista de la política para formarse una idea más o menos clara de que los actos producidos en Cuba, y que persiguen quitarle el poder al pueblo, es la obra de los mismos intereses que han conspirado contra la Revolución Cubana, una vez esta, tomó como línea a seguir rescatar la dignidad, soberanía e independencia plena de la patria de Martí. 

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