Apiñamiento de pacientes toca su fin en Maternidad

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“Hey, ya aquí no se puede comer”, dicen en tono de reproche dos miembros de la seguridad a un empleado de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia que la mañana de ayer, pocas horas después de inaugurada, tras su  remodelación y remozamiento, degustaba una empanada en un pasillo. La disposición viene acompañada de cambios que son visibles, desde la recepción, mayor confort, higiene, equipamiento e internamiento más digno para las pacientes del principal hospital de maternidad del país, donde el año pasado se registraron 9,553 nacimientos, pese a que muchas de sus áreas estaban siendo intervenidas.

Su promedio anual ronda entre 17 mil y 20 mil nacimientos. Las hileras de asientos en hierro que ocupaban la recepción fueron sustituidas por muebles color negro distribuidos en distintos espacios o salas; los largos pabellones que acogían entre 10 y 12 camas de internamiento, con un baño compartido, fueron sustituidos por salas de dos camas, con lavamanos, baños y sillones reclinables integrados y la climatización de las áreas, por lo que al parecer ya no será necesario el uso de abanicos.

El área de cuidados intensivo neonatal, que antes se concentraba en un salón, fue dividida en tres, con capacidad para 85 niños, incluyendo 10 camas destinadas a cirugía neonatal, que es un servicio nuevo, mientras la capacidad del bloque quirúrgico pasó de tres a ocho quirófanos, seis normales y dos para cirugía laparoscópica.

En laboratorio clínico, todos los equipos fueron automatizados, incluyendo el de análisis de orina, que antes no existía, y se colocaron centrífugas en las ocho unidades de servicios, que anteriormente solo tenían dos.

Todos los servicios recibieron nuevos equipos. Aunque las áreas del segundo y tercer piso, inauguradas la tarde del lunes por el presidente Danilo Medina, aún no están abiertas al público, porque allí son corregidos detalles menores, la felicidad entre el personal del centro era notoria ayer, incluyendo el doctor Justo Nicasio, gerente del servicio de emergencia, un permanente crítico de las deficiencias que padecía el hospital.

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