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La dieta mediterránea disminuye el riesgo de padecer demencia

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La dieta mediterránea disminuye el riesgo de padecer demencia
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Las personas que comen pescado, fruta, verdura y frutos secos -los principales alimentos de la dieta mediterránea– tienen un 23% menos de riesgo de sufrir demencia en comparación con los que no siguen este tipo de alimentación. Por supuesto, esto también abarca a los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, que representan el 75% de los enfermos por demencia

Esta es la principal conclusión a la que llegó un estudio publicado hoy en la revista médica BMC Medicine, en base a un análisis de datos de más de 60.000 personas mayores, que reveló seguir una dieta mediterránea reduce la probabilidad de desarrollar demencia en casi una cuarta parte, incluso entre aquellos con genes que la ponen en mayor riesgo.

Aunque diversos trabajos habían abordado el impacto de esta dieta sobre los trastornos neurodegenerativos y habían sugerido que este tipo de alimentación disminuía el riesgo, esos estudios se habían limitado a muestras pequeñas. Una dieta mediterránea incluye grandes cantidades de frutas, verduras, pescados y grasas de buena calidad, como el aceite de oliva y los frutos secos.

La dieta mediterránea ha confirmado en varios estudios su buena asimilación y beneficios a largo plazoLa dieta mediterránea ha confirmado en varios estudios su buena asimilación y beneficios a largo plazo

Pero en este estudio el equipo liderado por el doctor Oliver Shannon, del Centro de Investigación en Nutrición y Envejecimiento de la Universidad de Newcastle, ha analizado los datos de 60.298 personas del Biobanco del Reino Unido que habían completado una evaluación dietética.

“El principal mensaje para llevar a casa de este estudio es que, incluso para las personas con un mayor riesgo genético, consumir una dieta más mediterránea podría reducir la probabilidad de desarrollar demencia”, dijo Shannon.

En primer lugar, los autores clasificaron a los individuos utilizando dos medidas de adherencia a la dieta mediterránea. Después, hicieron un seguimiento de esos pacientes durante más de 9 años, un tiempo en el que se confirmaron 882 casos de demencia. Los autores también tuvieron en cuenta el riesgo genético de demencia de cada individuo calculando su “riesgo poligénico”, una medida de todos los genes diferentes que están relacionados con el riesgo de demencia.

Se estima que unas 55 millones de personas viven con demencia en el mundo (Getty)

El estudio constató que los participantes con mayor adherencia a la dieta mediterránea tenían un 23% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con los que tenían la puntuación más baja de adherencia. Además, no hubo una interacción significativa entre el riesgo poligénico de demencia y la adherencia a la dieta mediterránea, lo que -según los autores- podría indicar que, al margen de la propensión genética de cada persona, la dieta mediterránea reduce el riesgo de demencia.

“Entre las personas cuyas elecciones de alimentos se parecían menos a una dieta mediterránea, alrededor de 17 de cada 1000 personas desarrollaron demencia durante el período de seguimiento del estudio de aproximadamente nueve años. En contraste, entre las personas cuyas elecciones de alimentos se parecían más a este tipo de dieta, solo alrededor de 12 de cada 1000 personas desarrollaron demencia”, precisó el experto líder del trabajo.

Aun así, los autores reconocen que se necesita más investigación para evaluar la interacción entre dieta, genética y riesgo de demencia. Además, el estudio se limitó a personas blancas, británicas o irlandesas, ya que solo se disponía de datos genéticos basados en la ascendencia europea, por lo que los autores reconocen que hay que ampliar la investigación a otras poblaciones para confirmar el beneficio potencial.

El pescado de aguas profundas, la palta, los frutos secos y el aceite de oliva son algunas de las fuentes de Omega 3

No obstante, los científicos concluyeron que, basándose en los resultados del estudio, una dieta mediterránea con un alto consumo de alimentos saludables de origen vegetal puede ser una opción en futuras estrategias para reducir el riesgo de demencia.

En la actualidad, 55 millones de personas en el mundo tienen alguna forma de demencia, y más del 60% vive en países de ingresos bajos y medios. Como la proporción de personas mayores está aumentando en casi todos los países, se estima que los casos de demencias, especialmente de la enfermedad de Alzheimer, que agrupa el 75% de los enfermos por demencia, podrían aumentar a 78 millones en 2030.

¿Cómo es la dieta mediterránea?

Una dieta mediterránea está llena de alimentos saludables de origen vegetal como verduras, nueces y legumbres. Es rica en cereales integrales, frutas y aceite de oliva y pescado.

La dieta mediterránea se caracteriza por un alto consumo de vegetales, frutas, legumbres y cereales, pero tiene al aceite de oliva como prácticamente la única fuente de grasas monosaturadas. Salvo por eso, la alimentación del sur europeo es realmente baja en grasas saturadas, incluye un consumo moderado de pescado, poca carne y aves, y casi nada de lácteos. El vino –contrariamente a lo que el prejuicio podría indicar– es incorporado en cantidades muy moderadas y solo con las comidas.

Los estudios sobre personas que se beneficiaron con esta dieta fueron publicados en la revista médica BMC Medicine

Históricamente se asocia este tipo de comidas con la longevidad. Un estudio de la Universidad de Atenas ya había establecido que la mortalidad se reduce entre un 7% y un 8% al incorporar una dieta mediterránea. Pero, además, este tipo de alimentación tendría un beneficio adicional para la salud: según un estudio de la Université Victor Segalen, en Bordeaux, Francia, una buena dieta mediterránea puede evitar enfermedades relacionadas con el deterioro congnitivo en adultos mayores.

Consultado por Infobae, Conrado Estol, especialista argentino en neurología, salud y bienestar y fundador de la Clínica Breyna en Buenos Aires, gran parte de los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer son modificables. “Evitar o dejar el consumo de cigarrillo con tabaco en cualquiera de sus formas y controlar sedentarismo, la obesidad, el colesterol elevado, la diabetes y la hipertensión son algunas de las acciones que se orientan a la prevención del trastorno neurodegenerativo. También hay que reducir al mínimo o evitar el consumo de alcohol”, afirmó el especialista.

Y agregó: “Aunque la genética no se puede cambiar, llevar un estilo de vida saludable y una nutrición protectora cerebral, llamada MIND –que es similar a la dieta Mediterránea-, disminuye el riesgo de demencia y/o alteraciones cognitivas en personas sanas y jóvenes”.

Las personas del estudio también comían menos carnes rojas o procesadas, dulces y pasteles, y bebían menos bebidas endulzadas con azúcar.

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