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domingo, mayo 29, 2022
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Nuestro país estremecido por crisis

Por: Ramón Antonio Veras. 

 A veces, la buena fe en lo que dice o hace, lleva a nuestro pueblo a no ver la dura realidad de lo que está ocurriendo, lo afecta directamente y está llamado a ser el actor principal en la solución de cualquier conflicto social.

 En una determinada sociedad humana, todo hecho tiene una explicación que lo motiva, y es su fundamento u origen.

Siempre debemos de comenzar por hacernos la pregunta de por causa de qué, como consecuencia de qué, en vista de qué y a qué se debe que han estallado con violencia las pasiones.

Porque los fenómenos sociales responden a cuestiones que tienen su fuente en el medio donde han sucedido, el sitio de su nacimiento debemos someterlo a análisis.

De forma sucesiva, uno seguido de otro, hemos sido testigos de hechos que, por su secuencia y trascendencia, han llamado la atención de amplios sectores de la comunidad dominicana.

Ha sido muy notorio que personas que se hacen las distraídas ante cualquier problema y hasta llegan a hacerse las tontas, hoy están reaccionando encogidas de hombros, y preocupadas, demostrando inquietud.

El ser humano reacciona por algo que le motiva a comportarse ahora, de manera diferente a como lo hacía antes, de ahí que hay una actuación distinta entre negarse y resignarse.

Sorprende que de un momento a otro, en un abrir y cerrar de ojos, han ocurrido de manera concomitante, entre otros, los hechos siguientes:

  1. a) En la Región del Cibao, grupos populares llaman a un paro reclamando las más variadas reivindicaciones;
  2. b) Supuesta violación a una menor, por un alegado artista, sirve como motivación a la fiscalía para extender el asunto a investigar red de prostitución infantil;
  3. c) Relajamiento moral y familiar, por madres involucradas en prostitución de hijas menores;
  4. d) Conflicto entretransportistas por el corredor de la avenida Charles de Gaulle;
  5. e) Tres muertes en recintos policiales, con características de asesinatos;
  6. f) Atropello en el Canódromo, por agentes de la Digesett,contra el Defensor del Pueblo y periodistas;
  7. g) Notorio descontento de la población por inflación y dificultad para adquirir artículos de primera necesidad;
  8. h) Enfrentamiento militar entre Rusia y Ucrania, incide negativamente en la crisis de la economía nacional dominicana;
  9. i)Conflicto por asunto salarial entre el gremio de los maestros y el Ministerio de Educación;
  10. j) Pacientes afectados de quebrantos graves manifiestan quejas por falta de entrega en hospitales públicosde medicamentos de alto costo;
  11. k) Críticas de sectores intelectuales por la falta de organización en la reciente XXIVFeria Internacional del Libro;
  12. l) Quejas de productores nacionales por la ley de aranceles tasa cero;
  13. m) Inquietud colectiva de la población dominicana, por incontrolable inseguridaddiurna y nocturna, personal y de bienes, en domicilios y en la vía pública;
  14. n) Las denuncias de recientes actos de corrupción, prueba que el fenómeno es inherente al sistema y que está presente, hoy como ayer;

ñ) Nuestro país convertido en parte importante para el tráfico internacional de drogas narcóticas, situación comprobada con la reciente incautación de más de una tonelada de cocaína;

  1. o) El Servicio Judicial Dominicano, hace brotar el hedor de su purulencia que indigna, con la puesta en libertad, en Montecristi, de la Ayudante Fiscal y los agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, que estaban acusados de colocar droga en una peluquería;
  2. p)En Montecristi, Policía Nacional, busca padre agredió brutalmente a su hijo menor;
  3. q) En Montecristi, mujer embarazada, en presencia de su hija menor de edad, es apaleada por miembros de la Policía Nacional.

Lo que está a la vista de todos y de todas, es una agudización de la crisis económica y social que afecta a la sociedad dominicana, y se está expresando con dureza. El modelo económico vigente en nuestro país, ha dejado de alentar el desarrollo de las fuerzas productivas y, por el contrario, ya es una traba para el avance del país.

Quiérase o no, aunque lo nieguen los grupos de poder, lo que está revelando el ordenamiento social y económico dominicano, son los males que ha traído y cada vez se incrementan, y el pueblo ya no aguanta más penurias.

La crisis estructural que con dureza ataca a hombres y mujeres de trabajo, resulta asfixiante, y solo se resuelve mediante un cambio verdadero que saque a nuestro pueblo del infierno que la minoría lo ha metido.

Sin necesidad de que lo agiten, el ambiente dominicano lo que deja ver es el cuadro de un pueblo indignado por una crisis que no tiene otra solución que la modificación de sus estructuras.

Aunque quieran ponerle un nombre perfumado, el actual modo de vida ya vetusto conduce a las masas populares a la protesta, a negarse a continuar viviendo bajo un estado de miseria.

El modelo impuesto aquí, que crea la desigualdad de oportunidades, hace tiempo que está en crisis. Lo que ha ocurrido ahora es que han salido a flote sus lacras,  como prueba de que ya no pueden esconderse más.

No bastan los programas sociales, para aliviar la miseria a la caterva de pobres que día a día produce el sistema. Los parches, los remiendos y los retoques, son insuficientes a los fines de compensar las deudas sociales acumuladas, que hoy se dejan sentir mediante hechos espeluznantes, altamente pavorosos.

Las grandes mayorías nacionales están hastiadas de permanecer en una situación de pesadumbre, que las lleva al abatimiento y les quita la alegría y el deseo de vivir.

Los hechos que están ocurriendo aquí, desde el alza de los artículos de primera necesidad, pasando por las protestas en el Cibao, hasta las muertes violentas en destacamentos policiales, expresan una crisis sistémica insostenible.

Las contradicciones de todo tipo que están saliendo a flote, la única explicación que tienen es que son originadas por un modelo que va a seguir pariendo crisis y pobreza, hasta que el pueblo se sacuda enviándolo al zafacón.

El presidente Luis Abinader, con el transcurrir de los meses, tiene que haberse dado cuenta que el cuerpo social dominicano es, algo así, como una piltrafa, cuya masa hace tiempo se la tragaron, sin masticar, los grupos nacionales minoritarios y el imperio.

La descomposición social de la cual hoy estamos siendo testigos, está llevando al país a convertirse   en una especie de astilla de madera resinosa, una tea, que va a terminar de dar luz al pueblo entero, para que vea con claridad su porvenir de felicidad material y espiritual.

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