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Casinos de Las Vegas se convierten en bancos de alimentos por la pandemia

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Cuando Michelle Manning se detuvo con su hermana frente al casino en Las Vegas se sentía con suerte.

No es que la necesitara para el póquer, la ruleta o los dados, pues todos esos establecimientos de apuestas están cerrados por el coronavirus, sino para obtener un buen lugar en la fila de un banco de alimentos instalado en el estacionamiento del Palace Station, muy concurrido en estos tiempos de crisis.

El reloj marcaba las 2:30 de la madrugada y Manning era la tercera en una cola de vehículos que cada semana serpentea hasta la calle y se extiende por unos diez kilómetros.

«Recibimos frutas, verduras, carne, leche… y con el dinero que tengo entonces puedo pagar la electricidad», dijo Manning, cuyos hijos fueron despedidos de los gigantescos casinos y en casa tiene que alimentar a su padre de 92 años y a una nieta bebé.

«Y esto es más seguro que ir al mercado», añadió, porque no precisa bajar del auto para obtener los víveres y puede mantener distanciamiento social.

Con las maleteras abiertas, la fila de aproximadamente 1.000 vehículos iba andando para recibir los alimentos que repartía la ONG Three Square, que se abastece de programas del gobierno federal, así como de donantes y comercios locales.

El del Palace Station es uno de 20 centros manejados por la organización en Las Vegas, donde los mundialmente conocidos casinos-hoteles fueron obligados a cerrar en marzo para contener la COVID-19.

Three Square, de hecho, repartió toda la comida que quedó en las cocinas de esos establecimientos.

«Tenían cientos de miles de libras de alimentos perecederos que rescatamos en cuestión de tres o cuatro días», explicó el director de operaciones Larry Scott.

Pero esa bonanza de carne y otros productos de primera calidad se «detuvo completamente».

– «Extraño» –

Muchos de los que ahora esperan en la fila son los propios exempleados del casino, despedidos durante el cierre.

Alrededor de un tercio de la fuerza de trabajo del sur de Nevada está en el sector turismo, que fue especialmente golpeado tras las órdenes de confinamiento y restricciones de viajes, generando despidos en masa.

Solo el grupo MGM Resorts dejó cesantes a 63.000 trabajadores.

Tom Schiffhauer, un crupier de póquer de 62 años en el casino Orleans, fue despedido cuando llegó la pandemia… al igual que su esposa en el hotel Rio.

«Llevo 40 años aquí y nunca he visto nada como esto… Es extraño, extraño», dijo tras cuatro horas de espera.

Algunos de los hoteles más grandes de la ciudad ya están planificando su reapertura a finales de este mes, aunque aún necesitan el visto bueno del gobernador.

«Ya ni siquiera me preocupo porque no se puede hacer nada al respecto», dijo Schiffhauer, haciendo una pausa para fumar su tabaco en el asiento del conductor.

– «Sorprendida» –

Unos autos más atrás estaba Sandra Flores, que antes de la limpieza trabajaba en limpieza en el hotel Stateline en Primm, a unos 40 minutos de Las Vegas.

«Necesitamos volver a trabajar, necesitamos pagar las cuentas», insistió esta mujer, «sorprendida» que el confinamiento haya durado tanto y que como muchos tiene dos meses esperando que le aprueben su seguro de paro.

El impacto del cierre de los casinos se nota incluso en el centenar de voluntarios que ayuda en este centro de distribución de alimentos, como Luis Rosales, que aún recibe el sueldo de mesero que ganaba en el hotel The Venetian.

«Soy voluntario cinco o seis días a la semana, lo que me hace sentir como si tuviera un trabajo, llega un momento en que no da para lavar de nuevo la ropa o limpiar las ventanas de mi casa».

Y aunque el casino Palace Station está ubicado en un barrio principalmente de clase trabajadora, a casi 2 km del famoso Strip, en la fila se divisan desde viejos sedanes destartalados hasta Hummers y Mercedes.

«Esta experiencia es diferente a todas las anteriores pues este virus no mide clase económica», dijo Scott, el jefe de operaciones, que destacó cómo el número de personas que hoy no pueden garantizar su alimentación en el sur de Nevada representa 14% de la población.

«Y no es solo por hoy, va a seguir y seguir. La demanda será alta durante mucho tiempo».

Fuente: AFP

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